
Cuando has elegido una opción da infinita lástima mirar la otra, a través del cristal y preguntarte si has hecho bien.
Duele.


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No puedo evitarlo, lo siento, pero tiene que ser así.
Atreyu había vivido mucho en su Gran Búsqueda, y había visto cosas
magníficas y espantosas, pero hasta aquel momento no había sentido que ambas
clases de cosas pudieran unirse, que la belleza pudiera ser horrible.



Todos vivimos sin saber porqué ni para qué, todos vivios con la mira puesta en la felicidad, todos vivimos vidas diferentes y sin embargo iguales.
La vida es un ritmo constante, desde que nades hasta que te mueres, todo lo marca un compás a veces un tanto inexacto y que no encaja bien pero al fin y al cabo un ritmo.

Caminaba por el espeso camino, recubierto de barro y hojas, iba despacito, sin prisa, no se porqué pero ya no esperaba a nada, ni a nadie.
En una pequeña cuesta, en la que se bifurcaba el camino tuvo que pararse y subir como pudo, pues el bastón en el que se apoyaba cada vez le costaba más moverlo a causa de aquél cansancio que le poseía desde hace unos largos dias.Cansado de intentar subir la cuesta, se agachó como pudo y apoyó el muñón que se hayaba donde antes tenía una pierna, "sin duda fué un mal día el que la perdí" pensó, "ese día todo pasó muy rápido; corría a jugar con mi hermano pequeño y de repente sucedió, se esuchó una explosión muy fuerte y sentí miedo, incluso pánico, y luego dolor... mucho dolor, quizás sea afortunado al seguir estando vivo, pero nunca podré llegar a caminar" Depués de pensar esto una
fina lágrima le resbaló por la mejilla. En cuanto, se pudo levantar después de haber recuperado fuerzas, acabó de subir con cuidado el resto de la cuesta.Una vez allí arriba el camino estaba recubierto de hojas secas, y entonces con cuidado entrecerró los ojos y lo observó
cuidadosamente, más tarde respiró una bocanada de aire y se puso de camino. Otra vez.
Al llegar, atravesó lo que antes había sido el umbral de la puerta de un edificio, y se sentó, cansado en una piedra.
Una vez allí, pudo observar la pared en ruinas por donde se colaba un furtivo rayo de sol y recordó que hacía unos meses, de allí pendía una pizzarra.

